Semana 27+1… ¡Aquí están mis chicas!

El jueves santo yo seguía ingresada en el hospital… Y a las 4 de la tarde empecé a sentir contracciones nuevamente. Llevaba desde que me ingresaron perdiendo líquido amniótico, yo sabía que la cosa no se demoraría demasiado, pero era muy pronto, y aquellas contracciones eran muy leves. Recuerdo que estaba sola, tomándome un café, en mi cama.
Escribí a mi marido un mensaje, ya que siempre estaba informado aunque estuviese trabajando. Además, así podríamos saber con exactitud cada cuanto tenía una contracción. Al principio eran cada 7 minutos, 10 minutos, 8… Pero pronto se volvieron más seguidas. Cada 5 minutos tenía una contracción, seguían siendo flojas pero mi marido me insistió en que avisase a los médicos. Así lo hice, y de inmediato me bajaron a expectantes.
Empecé a informar a mi familia, diciéndoles que se tranquilizasen, ni siquiera me habían pasado a dilatación. Como sabréis, los médicos miden la longitud del cérvix para saber si estas realmente de parto… Y aunque seguía con los 2 cm de dilatación con los que ingresé días atrás, el cérvix estaba casi borrado, según me dijeron. Eso significa que mis chicas no iban a esperar más, y aunque estuve unas cuantas horas en expectantes, pronto llegaron los médicos de guardia del servicio de neonatología para hablar conmigo. Basándose en las ecografías, estimaban que mis bebés pesarían entre 700 y 800g. Sabían que iban a nacer y querían mentalizarme de lo que me esperaba. El hecho de que fueran 2 niñas era bueno: somos más maduras incluso dentro del vientre materno. Además me habían pinchado corticoesteroides días atrás por lo que vendrían con una maduración pulmonar “buena”, dentro de su extrema prematuridad. Me dijeron que me hiciese a la idea de que las niñas estarían ingresadas, más o menos, hasta la fecha en que hubieran tenido que hacer (18 de julio).
Yo afirmaba, sin más. Seguía sin creerme que fuese a parir en la semana 27+1… No era posible. Además había estado entretenida durante mi estancia en el hospital, buscando con el móvil todo lo relacionado con la prematuridad. Tenía miedo… Llevaba con esa sensación desde que escuché que mis hijas tenían STFF, pero ahora era distinto. Era inminente, venían. Imaginad… Ni clases de preparación al parto ni absolutamente nada, iba totalmente a ciegas.
Llegaron los médicos de guardia que me atenderían en el parto, eran dos chicos jóvenes (30 y pocos o 20 y muchos). A estas alturas ya había perdido el poco pudor que me quedaba, así que hombres o mujeres me daba igual, sólo quería despertar de aquella pesadilla.
Me sondaron para el pis… No sé por qué, pero lo hicieron. Yo hacía pis perfectamente, pero insistieron en que era necesario. Llevaba desde que ingresé con una vía en el brazo, y en ese momento tuvieron que ponerme otra, en el otro brazo (oxitocina, suero, medicamentos para la maduración cerebral de las bebés…). Era el momento de llevarme a dilatación.
Como todas estuve horas y horas dilatando. Yo no quería epidural, siempre he querido parir sin ella, pero los médicos insistieron en que sería lo mejor. Aunque las dos venían en cefálica, cuando la primera naciese, la segunda podría darse la vuelta, problemas con los cordones, etc… Y ante una posible cesárea de urgencia, lo mejor era tener la epidural; si no la tenía debían ponerme anestesia general y evidentemente querían evitarlo, así que acepté.
A las 4 de la madrugada del 18 de abril, tras horas y horas en el cuartucho de dilatación, sentía una presión demasiado abajo… Sentía algo diferente. Mi marido daba cabezadas a ratos, y mis padres y mis suegros llevaban todo el día esperando fuera.
“¡Preparados, vamos al paritorio!” Pánico, pánico máximo. Todos los vídeos de madres de hijos prematuros que había visto… Noticias de que los niños con un peso bajísimo sobreviven… Las posibles secuelas que no paraban de rondarme la cabeza… ¿Cómo iba a parir? ¡No lo había hecho nunca! No tengas miedo, échale narices… Todas sabemos parir, no seas idiota. Sólo tú puedes hacerlo, nadie lo va a hacer por ti. Tienes que hacerlo por ellas. Necesitan que su madre tire de ellas, son muy pequeñas, no tienen suficiente fuerza. Hazlo sin más y no lo pienses.
Ya estaba con las piernas totalmente abiertas. Había muchísima gente… ¿10 personas? ¿Quizá 15? No lo sabía, miraba a todas partes esperando instrucciones. Aparte, con la epidural no sientes mucho así que estaba muy muy nerviosa. La enfermera que llevaba toda la noche conmigo estaba a mi lado (cada hora venía a tomarme la tensión. Era una chica joven, tendría mi edad, y fue muy simpática conmigo). “¿Cómo estás?” Me preguntó. Me miraba con ternura mientras me acariciaba el pelo… Seguramente pensaría “¡pobrecita mía!” Le contesté “¿Sinceramente? Estoy acojonada”. Me aseguró que no se me notaba en absoluto, pero por dentro era un saco de nervios.
Mi marido me agarraba el brazo. No había marcha atrás. Y los médicos me dijeron “tú aprieta como si quisieras hacer caca”. Dios mío, de hecho no había hecho caca en todo el día, la iba a liar delante de tanta gente… Quería salir de allí, pero obedecí. Fueron 3 o 4 empujones, y la cara de mi marido era un poema “¡Ya está ahí! ¡Dios, la veo! ¡Está ahí! ¡Está ahí cariño!” El médico seguía con sus indicaciones “empuja” y “ahora no empujes”. En realidad serían unos 5 o 6 empujones y la vi. Fueron dos segundos… Se la llevaron muy rápido. Estaba todo el equipo de neonatos a 2m de mí, esperando para ayudar a mi chica grande.
Hubo complicaciones. Todo pasó muy rápido, y el médico me dijo que debían llevarme a quirófano: algo iba mal con el cordón umbilical de Paula. Tampoco me dieron demasiadas explicaciones, podíamos perder al bebé con un parto vaginal ya que el cordón estaba obstruido. No podíamos permitir que dejase de llegarle oxígeno. Mi marido se quedó allí, y a mí me llevaron a toda velocidad al quirófano.
Allí había otra doctora, y me inspeccionó la zona. Concluyeron que finalmente se podría realizar un parto vaginal (pero sin mi marido presente… fue una faena, aunque prefería eso antes que una cesárea). Paula salió mucho más rápido. Me dijeron que empujase y así lo hice. Y de repente, silencio. “¿Sigo empujando?” “No… Ya está aquí”. 13 minutos después de su hermana, Paula vino al mundo. Y otros 2 segundos fue lo que la pude tener sobre mí. Se la llevaron, y en pocos minutos estaba sola con el médico, que me cosía.
Después me llevaron a dilatación, y mi marido vino con unas fotos que les había hecho a mis chicas… Muy oscuras, sólo se veían unas pequeñas bolitas, rosas, dentro de una urna. No se les veía la cara ya que llevaban mascarilla. Me dijo sus pesos: Alejandra 900g y Paulita 850g. Y me alegré… Esperábamos 700-800g, y las dos ceporras superaban las expectativas. Después me subieron a planta y todos me obligaron a descansar, aunque ya serían como las 7 de la mañana, y se hacía de día. Todos se fueron y me quedé sola, con un terrible dolor de cabeza (la maldita epidural).
A las 9:30 llegó la primera visita, yo estaba sin dormir, pero les pedí que me bajasen a la planta de neonatos para conocer mejor a mis bebés. Mi amiga lloraba, yo estaba en shock. ¿Son ellas? Ni siquiera les veía la cara… Tan pequeñas, ajenas a mí…Era muy raro. Estuvimos como 5 minutos, y luego subimos. Quería ir con mi marido y cogerlas, pero en ese momento no tenía fuerzas. Estaban llenas de cables. Llenas de sondas. Llenas de tubos. Un minúsculo pañal que les quedaba extremadamente grande. Eran todo pellejo, su brazo era como un dedo mío. Sentía amor absoluto por ellas, pero mucha confusión. ¿Qué ha pasado con mis bebés? ¿Por qué son tan frágiles? En una sala tan lúgubre… Tan oscura, todos los papás con caras larguísimas. Así que volví a mi habitación. Nada era como yo esperaba.
Unas horas más tarde llegó mi marido. Yo no había ido a la sala de extracción de leche. ¿Cómo iba a hacerlo yo sola? ¿Me saldría leche? Seguro que iba a doler… No podía hacerlo sola. Tenía pánico (es absurdo tener pánico a un sacaleches, pero yo lo tenía. El miedo a lo desconocido, supongo).
Yo ya había dormido un rato. Bajamos juntos a ver a las bebés, y entonces las cogimos, gracias al Método Madre Canguro. Los padres tenemos derecho a estar con los bebés las 24h del día, así que bajamos tantas veces como quisimos. Todo era muy raro, era madre y lo sabía. Tenía la necesidad de estar constantemente con ellas. Quería bajar, y mi marido me decía que no las podía coger 10 minutos (el MMC es como mínimo de 1h y media o 2h), pero sólo quería verlas. Aunque era doloroso verlas así, eran mías. Tenía ese instinto, las necesitaba cerca de mí.
Y el tema de la lactancia se hizo muy complicado… Aunque de eso iremos hablando más adelante.

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Parto de nalgas… ¿Siempre acaba en cesárea?

He buscado en libros y revistas enfocadas al tema de la maternidad, y en todos ellos, cuando mencionan el parto de nalgas, siempre aparece la palabra CESÁREA. Me llama la atención porque cuando buscaba sobre bebés prematuros, también leí que si pesan menos de 1.500 g se hace cesárea por norma, y en mi caso no fue así. De hecho cuando se lo pregunté a los doctores me dijeron que si el/los bebé(s) viene(n) en cefálica y todo va bien, no hay porqué hacer cesárea, independientemente de su peso.

Por esta razón he querido profundizar más en el tema del parto de nalgas. ¿Por qué en todas partes pone que se suele practicar cesárea? ¿Qué riesgos hay? Es de sentido común que no es la posición idónea para que nazca el bebé pero… ¿Es realmente peligroso?

En primer lugar, busqué videos en Youtube, para ver cómo era realmente un parto en podálica:

https://www.youtube.com/watch?v=QCHDWpdebk0

https://www.youtube.com/watch?v=2KWSAFYgdoQ&oref=https%3A%2F%2Fwww.youtube.com%2Fwatch%3Fv%3D2KWSAFYgdoQ&has_verified=1

Existen 3 tipos de presentación “de nalgas”:

  • Presentación podálica: una pierna, o las dos se encuentran más abajo, sobre el cuello uterino, posicionadas para salir primero.
  • Presentación de nalgas franca: tiene las nalgas abajo. Las piernas del bebé se encuentran hacia arriba, con los pies próximos a su cabeza.
  • Presentación de nalgas completa: las nalgas saldrán primero. El bebé tiene las rodillas flexionadas.

*Existe mayor riesgo de que el bebé o los bebés se presenten de nalgas en las siguientes situaciones: parto pretérmino, placenta previa, embarazo múltiple y/o niveles anormales de líquido amniótico.

Antes de practicar una cesárea para extraer al bebé, o que el parto se produzca por vía vaginal aunque el bebé venga de nalgas; hay otras técnicas que ayudan a que se pueda colocar en posición cefálica:

EJERCICIOS FÍSICOS

-Nadar bocabajo

-Postura del mahometano

maxresdefaultFuente: Youtube

-Postura del gato

images-10Fuente: http://www.yogaparaprincipiantesonline.com

-Tumbadas bocarriba, caminar con los pies contra la pared. Podemos subir caminando, hasta levantar la cadera del suelo.

www.crecerfeliz.esFuente: www.crecerfeliz.es

 MOXIBUSTIÓN: es una rama de la acupuntura. Hay que estimular puntos del cuerpo con el calor que genera la combustión de una hierba (la moxa; artemisia vulgaris). Los puntos que hay que estimular para que el bebé se coloque en posición cefálica se encuentran cerca de la uña del dedo meñique del pie. Aunque os parezca que estas técnicas de medicina alternativa no son efectivas, está comprobado que tiene más éxito que la VCE.

VCE (versión cefálica externa): se lleva a cabo alrededor de la semana 37, y sirve para que el bebé (que estaría en posición de nalgas, o en posición transversal) se coloque en cefálica. Una vez el bebé está monitorizado, el ginecólogo debe ejercer presión en la pared abdominal de la madre y hacer que el bebé gire sobre sí mismo, y así colocarlo en la posición adecuada.
El mayor inconveniente es que existe el riesgo de provocar el parto, por ello se espera hasta la semana 37 de gestación (esta técnica no se utiliza en embarazos múltiples).

Además, no todas las gestantes pueden optar a la realización de la VCE. No se puede realizar si: hay sangrado vaginal, placenta cercana a la apertura del útero, bebé anormalmente pequeño, nivel anormal de líquido amniótico, frecuencia cardiaca fetal anormal o ruptura de membranas.

La probabilidad de éxito de esta técnica depende de muchos factores (cantidad de hijos que haya tenido la madre, proximidad a la fecha prevista de parto, peso del bebé, posición de la placenta…), si bien se estima que en un 65% de los casos el bebé permanece en cefálica y el parto se lleva a cabo con un éxito total.

En cualquier caso, y si todo lo anterior no resulta efectivo, ante un parto inminente presentado de nalgas, el protocolo a seguir hoy en día en España (según la SEGO, año 2011) es no recomendar la cesárea como primera opción. El parto de nalgas ES POSIBLE, siempre que se sigan los siguientes criterios:

-El bebé debe tener un crecimiento adecuado, y tener un peso <4.000 g.

-El bebé no debe tener la cabeza mirando hacia arriba (esto se determina mediante ecografía cuando el parto ya está en proceso).

-Se puede dar un parto vaginal siempre que la presentación del feto sea de nalgas completa o podálica con ambos pies en el canal del parto.

-El trabajo de parto debe comenzar de manera espontánea y progresa bien por sí solo (se desaconsejan técnicas para acelerar el parto).

Riesgos a tener en cuenta:

  • La parte más grande del bebé es su cabeza. Si las caderas de la madre no han ensanchado suficiente, podría suceder que el bebé salga hasta el cuello pero que la cabeza no pueda ser expulsada (si viene en cefálica, esto se ve antes de la expulsión y se realizaría una cesárea de urgencia).
  • Obstrucción del cordón umbilical
  • Mayor riesgo de desgarro vaginal para la madre
  • El parto es mucho más largo

Entre la semana 28 y la 32 la mayoría de los bebés se colocan en cefálica, y no es necesario poner en práctica lo mencionado anteriormente. Cuando comienza el trabajo de parto, alrededor del 97% de los bebés están en presentación cefálica, dispuestos a venir al mundo sin ninguna traba; pero ¿qué pasa con los múltiples?

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Fuente: El gran libro de los gemelos. Coks Feenstra

Como veis, en la mayoría de los embarazos gemelares (41%) ambos bebés se presentan en cefálica. En este caso un parto vaginal puede llevarse a cabo sin ningún problema… Si bien es cierto que en algunos partos, durante el proceso de expulsión del primer bebé, el segundo se puede girar, y existe la posibilidad de realizar una cesárea para sacar al segundo bebé (no os preocupéis… Esto sólo ocurre en un 3-4% de partos gemelares).