Estancia de mis bebés en el hospital

Como a todas, un par de días después de parir me dieron el alta.
Nadie puede imaginarse lo doloroso que es salir del hospital con las manos vacías. No hay derecho a que una madre sienta eso… ¿Por qué las tengo que dejar aquí? Sé que la respuesta es evidente, no pesan ni 1 kg, no son capaces de respirar por sí solas, no saben comer y necesitan constante supervisión médica. En esos momentos solo podía pensar de manera egoísta, yo quería estar con ellas, yo era madre de dos niñas, nadie puede arrebatarme el derecho a estar con ellas, a dormir con ellas, a alimentarlas. ¿Por qué no me dejan hacerlo? No es tanto pedir…

Luego llegamos a casa. Silencio, un silencio sordo que me hacía sentirme una mierda. ¿Dónde están esos bebés que salen en los anuncios? ¿Por qué no están aquí, rollizas, sonrosadas y sonrientes? Sabía que era madre, lo sentía. Las necesitaba pero no estaban. ¿Qué hacía yo en casa? Tenía que volver al hospital… Mi marido me dijo que ya las había visto, que había hecho canguro con ellas y que yo también tenía que descansar. El día siguiente iríamos a verlas. Pero no… ¿Cómo va a ser? ¿Cómo va a estar una madre tan lejos de sus hijas? No entendía nada… ¿Seguirían bien? ¿Si pasase algo me llamarían? Quería sacar los pensamientos negativos de mi cabeza pero era imposible. Seguía teniendo miedo… ¿Por qué ese maldito sentimiento me perseguía siempre? Una madre tiene que sentir felicidad, plena y absoluta. Esa felicidad no debería ser eclipsada por absolutamente nada, ¿acaso no tenía derecho a sentirme feliz? No podía. Mis hijas estaban en Cuidados Intensivos, no podía estar bien.

El resto de días fueron duros, en aquella sala tan oscura, donde todos los padres y madres están serios y tristes. Aunque por dentro estaba destrozada, iba con mi mejor sonrisa a verlas, con mucha energía. Debía transmitirles mi fuerza, porque ellas no podían luchas solas. Dos seres inocentes, perfectos y preciosos. Dos personitas que eran mías, no eran de esa gente. El sentimiento hacia las enfermeras y auxiliares es muy extraño. Sientes agradecimiento, porque sabes que les están salvando la vida a tus hijas, pero al mismo tiempo sientes una envidia insana… ¿Por qué pueden estar todo el día con ellas? Tocándolas, alimentándolas, cambiándoles el pañal, haciéndoles carantoñas. Eso es mi función, mía y solo mía. No tenían derecho a hacerme eso.

Luego husmeábamos en los informes diarios de las niñas, que estaban siempre junto a sus incubadoras, y veíamos que cada día pesaban menos. Las dos primeras semanas fueron horribles: Alejandra bajó a los 800g, y Paula a los 700 y pico (no me acuerdo de la cifra, 730 o 740 creo recordar). Los médicos casi que nos decían que no nos encariñásemos demasiado con ellas, porque nunca se sabe. Frases como “tenemos confianza en que sobrevivan PERO…” o “si hubiesen nacido en África, no estarían vivas” hacían que el camino cada vez fuese más cuesta arriba. Además, uno de los bebés que estaban en nuestro box no salió adelante. De repente no estaba… Sabíamos que estaba más malita que nuestras chicas y simplemente lo entendimos, no quisimos preguntar. Esto también es un golpe duro.

Después de las dos semanas de caída, empezaron a subir de peso, y cuando estuvieron algo mejor nos cambiaron de box. Seguíamos en Cuidados Intensivos, pero esta sala era mucho más grande y más luminosa. Aunque pensaba que los ojitos de mis bebés no estaban listos para recibir esa luz, me alegraba estar con otras personas, con bebés más grandes. Bebés que lloraban fuerte, que comían de sus madres, y no por sondas. Me hacía cargarme de esperanza.

Hubo muchos intentos de sacar a mis chicas de Cuidados Intensivos (3 o 4 intentonas), pero las tenían que volver a traer porque no eran capaces de respirar sin su mascarilla. La primera vez que les vi su carita me emocioné mucho… Llevaba tanto tiempo viendo su belleza a través de ese cacharro… No sabía cómo era su carita, no les veía su nariz ni sus rasgos al 100%, y fue algo precioso. Lo peor fueron los días en que estaban separadas, ya lo he comentado anteriormente, eso me afectaba mucho. Las necesitaba juntas, se necesitaban juntas, y los días en que una estaba en Intermedios y la otra en Intensivos se me hacían muy difíciles.

Tras muchas semanas en Cuidados Intensivos, mis chicas estaban en Cuidados Intermedios. Aunque lo más duro fue la primera sala, cuando perdieron tanto peso y los padres y madres eran tan tristes; lo que más largo se me hizo fue permanecer las últimas semanas en Cuidados Intermedios. Allí es complicado pasar día tras día, viendo como absolutamente todos los bebés se van, tarde o temprano todos se van a casa, y tú siempre allí. No sé cuántos niños y madres pasaron por allí, pero se cuentan por decenas. Es extraño, yo debía estar más feliz que nunca porque mis niñas estaban muy recuperadas, pero no podían respirar sin las gafas nasales de alto flujo. Las enseñamos a comer muy poco a poco (para entonces a mí ya se me había cortado la leche, por desgracia). Primero les dábamos de comer con una jeringuilla. Gota a gota, saboreaban la leche, les encantaba. Después, les dábamos lo restante a gabaje, con una jeringuilla llena de leche conectada a su sonda nasogástrica. Después de bastantes días, con mucho miedo lo intentamos con el biberón. Al principio se atragantaban, no sabían comer demasiado bien… Pero las campeonas lo consiguieron.
A pesar de que ya podían comer con biberón, aún necesitaban las gafas nasales; ya que sin ellas su saturación bajaba, y eso no era para nada bueno.

Y un día, teniendo papá a Paula en canguro, y yo a Alejandra, vi entrar a los médicos de mi Alejandra. Estaba muy nerviosa, Alejandra llevaba unos cuantos días sin gafas y parecía que iba bien… Presentía algo bueno. No le quitaba vista mientras hablaba con otros padres. Se lo dije a mi marido: “gordi, esto me huele a alta. “
Entonces vinieron hacia nosotros… Me temblaba todo, no podía ser verdad, pero no te emociones que igual no vienen para eso. Qué nervios, Dios…
“Bueno mamá, ya sabes que Alejandra lleva varios días respirando solita y que todo va bien… Ya pesa 2200g, y aunque Paula se queda, te puedes llevar a Alejandra a casa cuando quieras”.

Rompí a llorar. Nunca había llorado en el hospital, siempre llevé mi coraza, durante aquellos 82 días que Alejandra y Paula estuvieron allí, la una con la otra. Pero en ese momento no sé qué me pasó… Las lágrimas caían sin remedio, lagrimones como puños, no me lo podía creer. Sonreía como nunca. ¿Era posible que mi pesadilla hubiese acabado? ¿Ya había pagado mi condena? ¿Podré besarla y achucharla como siempre quise hacer?

Los 6 días que Alejandra estuvo en casa y Paula seguía ingresada sí que fueron difíciles. En casa sentía toda la felicidad que nos merecíamos, pero se me nublaba al recordar que mi princesa pequeña estaba allí sola, lejos de su familia, lejos de su hermana y lejos de mí. Todos los días iba a verla durante horas, preocupada pensando si su papá se apañaría bien estando solo con Alejandra. Era un sinvivir, no estaba tranquila en casa ni tampoco lo estaba en el hospital; si bien tenía claro que faltaba muy poco para el alta de mi chica.

Cuando me dijeron “mañana te la llevas” sólo podía sonreír y sonreír. El día que me la llevé no hacía más que correr de aquí para allá. Mi marido se quedó en casa con Alejandra, y mi hermano me acompañó al hospital para recoger a Pauli. Entré, literalmente corriendo. Ya estaba bien de estar allí, 88 eternos días, ya sí que no podía más. Sencillamente me la iba a llevar, sin más demora. No me lo creía… Y cuando salí por la puerta con ella me detuve un instante. Respiré aire, ella respiró por primera vez aire fresco, aunque hacía calor, era julio. Así debió ser, en aquél momento deberían haber nacido, y yo debería haber salido por aquella puerta con mis bebés regordetes recién nacidos, pero mis pequeñas son tan impacientes como luchadoras.

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Embarazo múltiple: síntomas

Seguramente habréis leído en un millón de sitios cuáles son los síntomas del embarazo, pero, ¿qué pasa en los embarazos múltiples? ¿Son los mismos síntomas? ¿Tienen mayor o menor intensidad?

El embarazo cambia el cuerpo de la mujer radicalmente, aunque a cada una se le manifiestan esos cambios de diferentes maneras. Si bien es verdad que hay muchos síntomas que son claramente indicadores de embarazo (amenorrea o falta de la menstruación, por ejemplo), hay otros que no tienen por qué manifestarse en todas las mujeres, o sencillamente ciertos síntomas pueden tener diferentes interpretaciones.

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AMENORREA: es un síntoma inequívoco de embarazo, aunque en algunas mujeres puede hacer pequeñas pérdidas de sangre debidas al retraso en la implantación del óvulo fecundado en el útero. Este tipo de pérdidas no perjudican a la gestación, aunque todas iríamos a la matrona si las tuviéramos, es algo normal.

CAMBIO EN LOS SENOS: hinchazón, tirantez, molestias en los pezones (hipersensibilidad)… Como hemos dicho antes, esto también puede darse si tenemos menstruaciones muy intensas, sólo que estando embarazadas estos cambios en los senos permanecerán bastante tiempo. También puede darse el típico dolor de senos que podemos confundir con el menstrual, sólo que más intenso.

NAUSEAS: pueden ir acompañadas de sensación de hambre, y suelen darse generalmente por las mañanas. Aunque lo normal es que se den en el primer trimestre de embarazo, también pueden volver al final de la gestación. Para paliar las dichosas náuseas matutinas, podemos tener cerca de la cama algún alimento como la zanahoria o una barrita de cereales (no se aconsejan alimentos acuosos como la pera o la naranja). Además, las náuseas pueden darse seguidas de un vómito, pero no tiene porqué.
Las náuseas están relacionadas con la famosa hormona del embarazo GCH (Gonadotropina Coriónica Humana). A mayores niveles de esta hormona en nuestro cuerpo, mayor intensidad de nuestras náuseas; y en los embarazos múltiples el nivel de GCH se dispara.

NECESIDAD EXAGERADA DE DORMIR

REPULSIÓN ANTE CIERTOS OLORES Y/O SABORES

 

Para las futuras mamás múltiples, siento deciros que, a partir de ahora todo estará multiplicado, no solamente vuestros bebés. Estos síntomas son los mismos, en embarazos individuales y en embarazos múltiples, pero las multimamás empezarán a sentir estos síntomas antes, y además serán más intensos.

La incubadora: su desarrollo S.XIX – X.XXI

Como sabemos, las incubadoras ayudan a salir adelante a los bebés nacidos pretérmino, o bien a bebés con algún tipo de problema de salud no derivado de la prematuridad. Uno de cada 10 bebés nacidos es prematuro, y las incubadoras modernas cuestan alrededor de 36.000 €.

La incubadora es un elemento clave para la recuperación de bebés prematuros, ya que simula las condiciones en las que el bebé estaría si hubiese permanecido dentro del vientre materno. Proporciona la temperatura adecuada para el recién nacido, así como un grado de humedad bastante alto.
Las incubadoras modernas que hoy conocemos vienen adaptadas para poder monitorizar al bebé en todo momento, para realizar fototerapia en caso de que el niño padezca de ictericia, y además son lo suficientemente manejables incluso para intervenir quirúrgicamente a los bebés dentro de ellas.

He estado investigando el origen de la incubadora. Es evidente que surge de la necesidad de salvar a niños nacidos demasiado pronto, o niños que nacen demasiado pequeños, ya que sin ella la mayoría de bebés de dichas características sencillamente se dejaban morir, no se luchaba por ellos y no tenían ninguna posibilidad.

¿Quién creo los primeros modelos de incubadora?

El hombre que investigó y creó los primeros modelos de incubadora fue el Dr. Martin Arthur Couney. Era un médico de Alsacia que se especializó en pediatría en el Hospital de Maternidad en París, en la década de 1890. La sala de neonatos de dicho hospital, era famosa por su trabajo pionero en el cuidado infantil prematuro. Este médico hizo una carrera de exhibición y cuidado de los recién nacidos prematuros en las ferias del mundo, exposiciones, y parques de atracciones, desde 1896 hasta 1940.

El Dr. Couney fue enviado por sus superiores a la Exposición de Berlín de 1896 para mostrar sus nuevas incubadoras. Lo increíble fue que dichas incubadoras fueron expuestas con bebés reales en su interior.

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En 1903 el Dr. Couney emigró a América y participó con sus innovadoras incubadoras infantiles en la exhibición en el Luna Park (Coney Island), como si fuese una atracción de feria más; ciertamente el tema se trataba con mucha frivolidad (incluso había un pregonero que llamaba la atención de los viandantes, exponiendo a viva voz lo imprescindibles que eran estos aparatos tan novedosos).
Los visitantes de la exposición podían ver filas de bebés diminutos dormitando en sus incubadoras mientras que un profesor explicaba el funcionamiento de aquellas máquinas que les salvaban la vida. Los recién nacidos, que podían rondar 1.000 -1.500 g de peso (como mínimo), nacieron en hospitales de la ciudad que carecían de los equipos “modernos” necesarios para su supervivencia, y muchos de ellos también nacían en casa.

¿Cómo funcionaban estas incubadoras primitivas?

En primer lugar, al estar situadas en ferias, las incubadoras recibían visitantes constantemente, por lo que el “aislamiento” de los niños era bajo; constantemente había gente entrando y saliendo de la sala en la que se encontraban.

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Estos recién nacidos estaban entre la vida y la muerte, y estaban a cargo de enfermeras que únicamente se dedicaban a cuidar a estos bebés.
Las incubadoras estaban hechas de metal y vidrio, por lo que se podían limpiar y esterilizar de manera rápida y fácil. Los bebés estaban alineados bajo calentadores, y así podían respirar aire filtrado y caliente. La temperatura de la incubadora no podía variar más de 2º, para garantizar que el bebé no se quedase ni muy frío ni muy caliente. Además, los bebés estaban bien envueltos (aun estando dentro de las incubadoras), y eran alimentados y aseados cada dos horas, durante las 24 horas del día.
Estas incubadoras primitivas salvaban al 85% de bebés prematuros y/o enfermos (según datos de la época).

*Cuando llegaba el momento de mandar a los niños a casa, puesto que estaban bastante recuperados de salud y habían cogido el suficiente peso, en muchas ocasiones era difícil convencer a los padres para que se llevasen al bebé.
El Dr. Zahorsky (que supervisó una de las famosas exposiciones de la incubadora infantil) se dio cuenta del efecto de la hospitalización tanto en el niño como en los padres. Ahora sabemos que no beneficia en absoluto a los bebés el hecho de ser separados de los padres, pero en la época todos los cuidados de los niños debían hacerlos profesionales sanitarios, y las madres y padres quedaban totalmente al margen.

¿No hubo ningún intento anterior para proteger a los bebés que nacían con bajo peso? ¿Cómo se desarrolla la incubadora posteriormente?

-1857: primera publicación sobre una incubadora infantil de Jean Louis Paul Denucé (que no fue suficientemente desarrollada).

-1878: S. Tarnier creó una especie de cámara con un calentador incorporado. Fundamenta su aparato basándose en incubadoras para animales, y trabaja de la mano de Od. Martin en una incubadora bastante rudimentaria, que logra disminuir la muerte perinatal de bebés que no llegan a los 2.000 g de peso.

-1891: el Dr. A. Lyons introduce en las incubadoras ya existentes ciertas mejoras tecnológicas, que hacen que el cuidado de los recién nacidos sea más fructífero.

-1898: el Dr. Joseph B. DeLee construye la primera sala de neonatología para niños prematuros en Illinois, Chicago.

-*1907: P. Budín (padre de la neonatología) publica Le Nourrisson, haciendo hincapié en la necesidad de controlar la temperatura de los neonatos para salvarlos. Gracias a esto, se extiende la idea del perfeccionamiento y desarrollo de las incubadoras de la época.

-1934: J. Hess, pediatra en un hospital de Chicago, diseña una incubadora con el desarrollo de la caja de oxígeno (ofrece O2 para tratar el distress respiratorio). Esta incubadora fue usada también para el transporte neonatal (se calentaba con unos rollos que contenían agua caliente).

-1938: el Dr. C. Chapple diseña una incubadora novedosa que permite también suministrar oxigenoterapia a los recién nacidos.

-1963: fallece el hijo del presidente Kennedy (USA), nacido con 32 semanas de gestación. Esto promueve un aumento muy alto del fondo nacional destinado a las investigaciones científicas orientadas a la supervivencia neonatal (y debido a este suceso se desarrolla la ventilación mecánica de las incubadoras, así como la fruidoterapia, el control médico, etc…)

-2014: MOM, la incubadora de bajo coste. Pequeña incubadora que se hincha manualmente y se calienta gracias a unas placas cerámicas. Incluye tratamiento de fototerapia, y tiene sensores que nos avisarán si hay variación importante de humedad o temperatura.

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Fuentes (información e imágenes):

http://www.nytimes.com/1998/12/13/nyregion/fyi-376108.html

http://www.neonatology.org/pinups/couney.html

http://library.buffalo.edu/pan-am/exposition/health/medical/incubators.html

http://computerhoy.com/noticias/hardware/mom-incubadora-inflable-gana-james-dyson-award-2014-20655

Método Madre Canguro: el origen

El Método Madre Canguro fue ideado en 1978 por Edgar Rey Sanabria, neonátologo colombiano, en la ciudad de Bogotá. El Dr. Rey Sanabria se desempeñaba como neonatólogo y profesor en el Instituto Materno Infantil, institución de carácter público y uno de los principales centros de práctica de la Universidad Nacional de Colombia. Para finales de la década de los 70, el instituto se encontraba en una situación crítica, en tanto era un centro de primer nivel de atención que cubría la demanda en ginecobstetricia y neonatología de gran parte de la población de bajos recursos de la ciudad; en ese sentido, la gran cantidad de bebés generó hacinamiento y alta mortalidad entre los recién nacidos de bajo peso, los cuales eran tratados según los mandatos propios del arte médico para ese momento, esto es, la separación de sus madres y la colocación en incubadoras. A su vez, la poca disponibilidad de estos dispositivos desembocó en la frecuente necesidad de hacer uso de un solo dispositivo para varios niños, y por tanto una propensión aumentada al desarrollo de infecciones entre los neonatos.

Dada la situación, en 1978 el Dr. Rey Sanabria propuso una nueva estrategia para el cuidado de los recién nacidos que ya habían superado la etapa crítica de adaptación a la vida extra-uterina, estrategia consistente en iniciar una interacción temprana entre la madre y el recién nacido, junto con un fuerte estímulo a la lactancia materna y una pronta alta hospitalaria para continuar con la estrategia ambulatoriamente. La estrategia, mirada inicialmente con reticencia, empezó a tener resultados al disminuir la mortalidad, por lo que el Dr. Sanabria continuó desarrollando el concepto.

La llegada a la dirección del departamento de Pediatría de la Universidad Nacional de Colombia por parte del Dr. Rey Sanabria, y las reformas que este estableció para reestructurar las secciones del departamento potenció el desarrollo del método madre canguro. El manejo ambulatorio de los niños prematuros fue manejado inicialemente por el Dr. Rey Sanabria en compañía de los residentes de pediatría y pasó posteriormente a manos del Dr. Héctor Martínez. A medida que se adquiría experiencia, se desarrollaban los conceptos y características básicos del método canguro, en especial el establecer como pilares fundamentales del método la lactancia materna y el contacto piel a piel entre la madre y el bebé. Además, se establecieron diversos aspectos prácticos del método, como la posición del neonato respecto a la madre, que inicialmente era lateral pero posteriormente se prefirió en posición de “rana” (abducción y flexión de los muslos con flexión de las piernas) como prevención en los problemas de cadera. También, el manejo del reflujo gastroesofágico, con medidas farmacológicas (metoclopramida) y la posición de la madre (estar vertical durante el día y dormir en posición semisentada)

Posteriormente, desde 1979 el Dr. Héctor Matínez Gómez se hizo cargo del programa. En 1982 el Dr. Luis Hernán Navarrete se vinculó al programa. El método canguro llamó la atención del gobierno Colombiano durante el mandato de Belisario Betancourt a través de la esposa del presidente, Rosa Elena de Betancourt, y de la ministra de Salud María Teresa Forero. La oficina regional UNICEF, en cabeza de Teresa Albanes, inició el apoyo y difusión del método en distintos países de latinoamérica. Sin embargo, dada la ausencia de evidencia objetiva sobre la eficacia del método, este fue cuestionado desde el Centro Latinoamericano de Perinatología (CLAP), ante lo cual los neonatólogos colombianos respondían que el método había surgido como una respuesta asistencial y no investigativa. En mayo de 1991, fueron galardonados por la Organización Mundial de la Salud con el premio Sasakawa para la Salud los doctores Héctor Martínez Gómez y Edgar Rey Sanabria y entre 1992 y 1993 se realizó el primer programa de investigación sobre el método madre canguro.

 

Fuente: wikipedia.

Semana 27+1… ¡Aquí están mis chicas!

El jueves santo yo seguía ingresada en el hospital… Y a las 4 de la tarde empecé a sentir contracciones nuevamente. Llevaba desde que me ingresaron perdiendo líquido amniótico, yo sabía que la cosa no se demoraría demasiado, pero era muy pronto, y aquellas contracciones eran muy leves. Recuerdo que estaba sola, tomándome un café, en mi cama.
Escribí a mi marido un mensaje, ya que siempre estaba informado aunque estuviese trabajando. Además, así podríamos saber con exactitud cada cuanto tenía una contracción. Al principio eran cada 7 minutos, 10 minutos, 8… Pero pronto se volvieron más seguidas. Cada 5 minutos tenía una contracción, seguían siendo flojas pero mi marido me insistió en que avisase a los médicos. Así lo hice, y de inmediato me bajaron a expectantes.
Empecé a informar a mi familia, diciéndoles que se tranquilizasen, ni siquiera me habían pasado a dilatación. Como sabréis, los médicos miden la longitud del cérvix para saber si estas realmente de parto… Y aunque seguía con los 2 cm de dilatación con los que ingresé días atrás, el cérvix estaba casi borrado, según me dijeron. Eso significa que mis chicas no iban a esperar más, y aunque estuve unas cuantas horas en expectantes, pronto llegaron los médicos de guardia del servicio de neonatología para hablar conmigo. Basándose en las ecografías, estimaban que mis bebés pesarían entre 700 y 800g. Sabían que iban a nacer y querían mentalizarme de lo que me esperaba. El hecho de que fueran 2 niñas era bueno: somos más maduras incluso dentro del vientre materno. Además me habían pinchado corticoesteroides días atrás por lo que vendrían con una maduración pulmonar “buena”, dentro de su extrema prematuridad. Me dijeron que me hiciese a la idea de que las niñas estarían ingresadas, más o menos, hasta la fecha en que hubieran tenido que hacer (18 de julio).
Yo afirmaba, sin más. Seguía sin creerme que fuese a parir en la semana 27+1… No era posible. Además había estado entretenida durante mi estancia en el hospital, buscando con el móvil todo lo relacionado con la prematuridad. Tenía miedo… Llevaba con esa sensación desde que escuché que mis hijas tenían STFF, pero ahora era distinto. Era inminente, venían. Imaginad… Ni clases de preparación al parto ni absolutamente nada, iba totalmente a ciegas.
Llegaron los médicos de guardia que me atenderían en el parto, eran dos chicos jóvenes (30 y pocos o 20 y muchos). A estas alturas ya había perdido el poco pudor que me quedaba, así que hombres o mujeres me daba igual, sólo quería despertar de aquella pesadilla.
Me sondaron para el pis… No sé por qué, pero lo hicieron. Yo hacía pis perfectamente, pero insistieron en que era necesario. Llevaba desde que ingresé con una vía en el brazo, y en ese momento tuvieron que ponerme otra, en el otro brazo (oxitocina, suero, medicamentos para la maduración cerebral de las bebés…). Era el momento de llevarme a dilatación.
Como todas estuve horas y horas dilatando. Yo no quería epidural, siempre he querido parir sin ella, pero los médicos insistieron en que sería lo mejor. Aunque las dos venían en cefálica, cuando la primera naciese, la segunda podría darse la vuelta, problemas con los cordones, etc… Y ante una posible cesárea de urgencia, lo mejor era tener la epidural; si no la tenía debían ponerme anestesia general y evidentemente querían evitarlo, así que acepté.
A las 4 de la madrugada del 18 de abril, tras horas y horas en el cuartucho de dilatación, sentía una presión demasiado abajo… Sentía algo diferente. Mi marido daba cabezadas a ratos, y mis padres y mis suegros llevaban todo el día esperando fuera.
“¡Preparados, vamos al paritorio!” Pánico, pánico máximo. Todos los vídeos de madres de hijos prematuros que había visto… Noticias de que los niños con un peso bajísimo sobreviven… Las posibles secuelas que no paraban de rondarme la cabeza… ¿Cómo iba a parir? ¡No lo había hecho nunca! No tengas miedo, échale narices… Todas sabemos parir, no seas idiota. Sólo tú puedes hacerlo, nadie lo va a hacer por ti. Tienes que hacerlo por ellas. Necesitan que su madre tire de ellas, son muy pequeñas, no tienen suficiente fuerza. Hazlo sin más y no lo pienses.
Ya estaba con las piernas totalmente abiertas. Había muchísima gente… ¿10 personas? ¿Quizá 15? No lo sabía, miraba a todas partes esperando instrucciones. Aparte, con la epidural no sientes mucho así que estaba muy muy nerviosa. La enfermera que llevaba toda la noche conmigo estaba a mi lado (cada hora venía a tomarme la tensión. Era una chica joven, tendría mi edad, y fue muy simpática conmigo). “¿Cómo estás?” Me preguntó. Me miraba con ternura mientras me acariciaba el pelo… Seguramente pensaría “¡pobrecita mía!” Le contesté “¿Sinceramente? Estoy acojonada”. Me aseguró que no se me notaba en absoluto, pero por dentro era un saco de nervios.
Mi marido me agarraba el brazo. No había marcha atrás. Y los médicos me dijeron “tú aprieta como si quisieras hacer caca”. Dios mío, de hecho no había hecho caca en todo el día, la iba a liar delante de tanta gente… Quería salir de allí, pero obedecí. Fueron 3 o 4 empujones, y la cara de mi marido era un poema “¡Ya está ahí! ¡Dios, la veo! ¡Está ahí! ¡Está ahí cariño!” El médico seguía con sus indicaciones “empuja” y “ahora no empujes”. En realidad serían unos 5 o 6 empujones y la vi. Fueron dos segundos… Se la llevaron muy rápido. Estaba todo el equipo de neonatos a 2m de mí, esperando para ayudar a mi chica grande.
Hubo complicaciones. Todo pasó muy rápido, y el médico me dijo que debían llevarme a quirófano: algo iba mal con el cordón umbilical de Paula. Tampoco me dieron demasiadas explicaciones, podíamos perder al bebé con un parto vaginal ya que el cordón estaba obstruido. No podíamos permitir que dejase de llegarle oxígeno. Mi marido se quedó allí, y a mí me llevaron a toda velocidad al quirófano.
Allí había otra doctora, y me inspeccionó la zona. Concluyeron que finalmente se podría realizar un parto vaginal (pero sin mi marido presente… fue una faena, aunque prefería eso antes que una cesárea). Paula salió mucho más rápido. Me dijeron que empujase y así lo hice. Y de repente, silencio. “¿Sigo empujando?” “No… Ya está aquí”. 13 minutos después de su hermana, Paula vino al mundo. Y otros 2 segundos fue lo que la pude tener sobre mí. Se la llevaron, y en pocos minutos estaba sola con el médico, que me cosía.
Después me llevaron a dilatación, y mi marido vino con unas fotos que les había hecho a mis chicas… Muy oscuras, sólo se veían unas pequeñas bolitas, rosas, dentro de una urna. No se les veía la cara ya que llevaban mascarilla. Me dijo sus pesos: Alejandra 900g y Paulita 850g. Y me alegré… Esperábamos 700-800g, y las dos ceporras superaban las expectativas. Después me subieron a planta y todos me obligaron a descansar, aunque ya serían como las 7 de la mañana, y se hacía de día. Todos se fueron y me quedé sola, con un terrible dolor de cabeza (la maldita epidural).
A las 9:30 llegó la primera visita, yo estaba sin dormir, pero les pedí que me bajasen a la planta de neonatos para conocer mejor a mis bebés. Mi amiga lloraba, yo estaba en shock. ¿Son ellas? Ni siquiera les veía la cara… Tan pequeñas, ajenas a mí…Era muy raro. Estuvimos como 5 minutos, y luego subimos. Quería ir con mi marido y cogerlas, pero en ese momento no tenía fuerzas. Estaban llenas de cables. Llenas de sondas. Llenas de tubos. Un minúsculo pañal que les quedaba extremadamente grande. Eran todo pellejo, su brazo era como un dedo mío. Sentía amor absoluto por ellas, pero mucha confusión. ¿Qué ha pasado con mis bebés? ¿Por qué son tan frágiles? En una sala tan lúgubre… Tan oscura, todos los papás con caras larguísimas. Así que volví a mi habitación. Nada era como yo esperaba.
Unas horas más tarde llegó mi marido. Yo no había ido a la sala de extracción de leche. ¿Cómo iba a hacerlo yo sola? ¿Me saldría leche? Seguro que iba a doler… No podía hacerlo sola. Tenía pánico (es absurdo tener pánico a un sacaleches, pero yo lo tenía. El miedo a lo desconocido, supongo).
Yo ya había dormido un rato. Bajamos juntos a ver a las bebés, y entonces las cogimos, gracias al Método Madre Canguro. Los padres tenemos derecho a estar con los bebés las 24h del día, así que bajamos tantas veces como quisimos. Todo era muy raro, era madre y lo sabía. Tenía la necesidad de estar constantemente con ellas. Quería bajar, y mi marido me decía que no las podía coger 10 minutos (el MMC es como mínimo de 1h y media o 2h), pero sólo quería verlas. Aunque era doloroso verlas así, eran mías. Tenía ese instinto, las necesitaba cerca de mí.
Y el tema de la lactancia se hizo muy complicado… Aunque de eso iremos hablando más adelante.

Palabras para mis bebés, por fin en casa

Cuando por fin me dieron a mis chicas, escribí estas palabras que aunque no son gran cosa, me salieron de dentro y quería compartirlas en el blog:

88 días y 88 noches…Miedo desde el primer momento. Soledad, rabia, tristeza. 88 días sin poder dormir bien.
Todo el mundo se preocupa por tonterías, nimiedades de la vida que son un mundo para muchos. Pero nada de eso importaba…Los médicos nos preparaban para lo peor pero siempre supe que érais mías y que no os íbais a ir a ninguna parte. En la madrugada del jueves al viernes santo llegastéis sin más, demasiado pronto, demasiado fácil. 900g y 850g…Tan frágiles, tan dependientes de esas máquinas, cables, tubos y sondas. Dolía tanto veros así…Y al principio perdiendo tanto peso….Estuve muy asustada, pero no sé de donde saqué fuerzas para continuar con esto.
Después de todo lo que hemos pasado los 4 juntos ya estáis en casa, unidas de nuevo, después de casi 3 meses recluídas… 2 meses en Cuidados Intensivos, tan desprotegidas. Por suerte ya ha pasado todo.
Ahora sé lo que es la felicidad y me siento bien porque aunque aún tenemos 7 largos años por delante de médicos, por fin sois nuestras… Y a lo largo de la vida, en vuestros momentos de flaqueza aquí seguiré yo, luchando por vosotras y recordandoos lo fuertes que sois. Desde antes de nacer ya érais fuertes, aferrándoos a la vida cuando tuvisteis el STFF…La operación, el parto…Vuestros llantos. Después también vuestras risas. Los pasos atrás que hemos dado en el proceso, y también los pasos de gigante hacia adelante. Siempre estaré para vosotras, para recordaros que a pesar de estar repes, sois únicas.

El teléfono móvil y la vida familiar

En los últimos años, el teléfono móvil ha pasado a ser algo totalmente imprescindible para muchos de nosotros… ¿En qué afecta eso a nuestra vida en familia? ¿Prestamos menos atención a la familia que antes, cuando no había “smartphones”? ¿Desatendemos en ocasiones a nuestros niños?

Es evidente que el teléfono se ha convertido en algo imprescindible dentro de nuestra vida cotidiana. Investigadores estadounidenses han realizado un estudio sobre cómo se utilizan los dispositivos móviles en el ámbito familiar. (http://pediatrics.org)

Se observaron a 55 cuidadores mientras comían en una cadena de restaurantes de comida rápida junto a uno o más niños. Se concluyó que 40 de los adultos que estaban a cargo de niños consultaron su teléfono en algún momento mientras comían. Los demás, unos lo tenían en la mesa, y otros en la mano.
Ante este comportamiento, algunos de los niños parecían aceptarlo sin más (comían, jugaban con el juguete que incluía el menú…). Sin embargo, la mayor parte de los niños que participaron en dicho estudio comenzaron a llamar la atención de los cuidadores (madre, padre, hermano mayor…), a lo que éstos respondieron con dureza, ya que estaban totalmente entregados al uso de su teléfono.

¿Qué consecuencia puede tener esta situación en el desarrollo de los niños?

¿Cómo podemos decirles “deja la Tablet” o “¡pasas mucho tiempo en el ordenador!”? Si somos nosotros los que no apartamos la vista del teléfono.

Aunque es cierto que hoy en día el teléfono móvil es algo esencial en nuestra vida, y reconozco que para mí también lo es; nuestros niños necesitan nuestra atención. Necesitan que juguemos con ellos, necesitan contacto físico, y necesitan ser escuchados; si bien es cierto que tampoco es normal que sus padres estén encima de ellos en cada momento, para observar cada salto que dan en el parque o cada carrera que hacen…

Creo que hay que buscar el equilibrio: debemos pasar el máximo tiempo posible con nuestros hijos e interactuar con ellos; y además debemos buscar tiempo para nosotros mismos, sea a través del móvil o de hacer ganchillo.

Os dejo un par de enlaces que ven el tema desde dos puntos de vista muy opuestos… ¡Juzgar vosotrxs mismxs!

“Querida mamá con iPhone… ¡Lo estás haciendo bien!”
http://reallifeparentingblog.com/dear-mom-on-the-iphone-youre-doing-fine/

“Cómo daña a tu hijo tu adicción al móvil”
http://blogs.elpais.com/mamas-papas/2014/09/como-dana-a-tu-hijo-tu-adiccion-al-movil.html